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Monday, June 25, 2007

¿Kirchner se acostumbra a perder?

Por Gustavo Lazzari y Martín Simonetta
Análisis de otra paliza electoral
En las elecciones de segunda vuelta en Buenos Aires y Tierra del Fuego ganaron los candidatos alternativos al gobierno. En la ciudad de Buenos Aires, ganó Mauricio Macri, candidato por el PRO y en Tierra del Fuego ganó Fabiana Ríos por el ARI.
Es un hecho inédito pues lo habitual en la política argentina es que los oficialismos siempre ganan las elecciones locales. El 20% del electorado está fuertemente influenciado por recursos de origen público. Desde el retorno a la democracia, en dos de cada diez elecciones no ganó el oficialismo.
Ambas fuerzas políticas triunfadoras de las elecciones del 24/6/2007 fueron denostadas en reiteradas oportunidades por el Presidente desde el famoso atril.
Toda la artillería oficial fue puesta al servicio de campañas sucias y difamación gratuita.
Lo mismo sucedió en octubre 2006, en Misiones, en un plebiscito en el cual la derrota oficial fue tan escandalosa como el clientelismo utilizado desde lo mas alto del gobierno nacional.
La primera lección de dichos resultados electorales es: el clientelismo no es invencible.
El gobierno utilizó todo a su alcance. Campañas sucias, difamación, mensajes distorsionados, ministros al servicio de la campaña, utilización de medios afines (TVR; CQC, noticieros radiales y televisivos) fuertemente adornados por los presupuestos de publicidad oficial.
En Tierra del Fuego, se llegó al extremo de desconectar la fibra óptica de toda la provincia durante 24 hs, solo a los efectos que la gente no vea en http://www.youtube.com/ videos que comprometían seriamente a los candidatos del oficialismo. No importó dejar a toda la provincia sin bancos, internet, celulares, comercio durante un día producto del confirmado sabotaje.
Es una gran lección para Latinoamérica observar que es posible ganar las elecciones al clientelismo y al uso inescrupuloso de los recursos oficiales.
Kirchner perdió por paliza otra vez. La oposición debe tomar nota del mensaje popular. El clientelismo no es excusa, es vencible, suele ser perdedor y hasta es posible que se acostumbre a la derrota.

Martín Simonetta y Gustavo Lazzari: Directores de Fundación Atlas 1853.
Publicado por Fundación Atlas 1853. Autorizada su reproducción en TransEnerCliMa.

Sunday, June 03, 2007

Servicios Públicos Bajo Cero ¿Hacia una Argentina sin Luz, ni Gas?

Por Martín C. J. Simonetta
Imagen: Martin C. J Simonetta (Centro).
La actual ola de frío –típica del invierno- pareció una vez más desnudar los problemas de abastecimiento energético a través de los cortes de luz y de gas que sufre la Argentina. Esto, sumado a las interrupciones permanentes de otros “servicios públicos”, entre los que se destacan tanto el caso del subte de la ciudad de Buenos Aires como la ausencia de suministro de otros productos como el gas-oil, nos trae cada vez más cerca el recuerdo de una Argentina que parecía ser ya un pasado muerto, pero que está cada vez más agresivamente presente entre nosotros.
Pensábamos que estas situaciones eran viejos recuerdos de nuestra infancia y juventud donde los apagones, las velas, los teléfonos públicos con extensas colas, las empresas estatales monopólicos e hipertróficas eran la constante. Catorce años de pasiva espera o una interesante oferta de “comisión” eran necesarios para obtener una nueva línea telefónica, pero más difícil resultaba aún escapar a los masivos cortes de luz o gas. Argentina era una gran tierra de nadie tomada en beneficio de unos pocos ganadores. Mientras tanto los ciudadanos, en silencio, trabajaban para pagar esa amarga y cara fiesta.
Matar al mensajero (una vez más)
La pregunta que emerge, especialmente a quienes todavía tenemos a aquella Argentina en la memoria, es si estamos retornando de forma ya no tan lenta a aquella triste situación.
Los últimos días, con temperaturas que estuvieron por debajo de cero grados, pusieron a prueba el estado del sistema y los resultados fueron cortes de luz, desabastecimiento de gas y otros combustibles.
En este contexto, el país continúa semi paralizado a partir de esta -10 años atrás inesperable- crisis energética. Sólo para mencionar algunos casos que tomaron notoriedad pública, podemos mencionar que este estado de cosas alteró el funcionamiento de empresas tales como Acindar, los frigoríficos Coto, General Motors, Arcor, Fiat y Terrabusi. Esto afectó también a todo el país, señalándose como ejemplo los casos de fábricas de plástico en San Luis, papeleras en el conurbano, siderúrgicas en Campana, automotrices en Córdoba, azucareras en Tucumán.
El corazón de la falta de abastecimiento se encuentra claramente en aquellos precios que han quedado congelados en pesos con tarifas pre-devaluación, que no hacen rentable la inversión productiva. La espada es el desabastecimiento y la pared una economía empobrecida y pesificada que sería fuertemente sacudida por un sinceramiento de los precios energéticos.
En el caso de la energía eléctrica y la provisión de gas, la pregunta del millón es si este proceso tiene que ver con un mal manejo de la perversa relación post devaluación entre empresas y gobierno (sostenidas en base a tarifas pesificadas y subsidios “compensatorios), o es una antesala deliberadamente armada del clima para la re-estatización completa.
En síntesis, la esperable baja de temperatura que suele producirse en los períodos otoño-invierno puso al sistema productivo argentino al borde del colapso por un serio déficit del abastecimiento energético, tal como sucedió en el verano por opuestas circunstancias. Lamentablemente, esta situación era esperable y el costo político que ha generado sobre el gobierno, también lo era. Dicha situación demanda una solución urgente, y la actual administración lo sabe.
La pregunta es si la búsqueda de la respuesta tendrá que ver con una orientación hacia el mercado o con una mayor presencia del gobierno en los servicios públicos. Si analizamos la tendencia desde diciembre 2001, en términos de políticas aplicadas y calidad de los servicios, se puede observar una inclinación crecientemente predominante hacia una mayor intervención del estado.
Publicado por Fundación Atlas 1853. Autorizada su reproducción en TransEnerCliMa.

Thursday, April 12, 2007

LOS CORTES AL TRANSPORTE

Por
Martin Simonetta (1)
Gustavo D. Lazzari (2)
Adolfo Cristian Farizano (3)
Imagen: Martín C. J. Simonetta. Imagen: Gustavo D. Lazzari
El cuerpo social tiene muchos sistemas y subsistemas que le permiten la vida. El sistema circulatorio transporta personas y cosas dentro de las ciudades, entre ciudades, entre países, dentro de un continente, entre continentes, usando medios terrestres, acuáticos y aéreos. Cuando se produce un corte en el sistema circulatorio, estamos frente a una enfermedad social cada vez más frecuente en nuestro tiempo con consecuencias fundamentalmente económicas y para la salud: son algo así como micro infartos sociales. Se producen fundamentalmente en las principales arterias o en el corazón de las ciudades más pobladas.
Cortes naturales y azarosos
El corte del sistema circulatorio de personas y cosas, puede producirse por causas naturales o humanas. Las naturales pueden provenir de inundaciones, terremotos, tsunamis, huracanes, tornados y tantos otros meteoros muy destructivos, contra las que poco o nada podemos hacer, dada la magnitud de las fuerzas desatadas de la naturaleza.
Otros se producen por fallas de material o errores humanos y son posibles de disminuir mediante acciones preventivas diversas. Nos referimos a por ejemplo choques, vuelcos, incendios desperfectos mecánicos, que acontecen a diario en todas las ciudades del mundo, en medio de calles, avenidas o autopistas atestadas de tránsito, especialmente en horas pico. Ambas responden al azar.
Cortes producidos por la actividad humana
Pero hay una tercera generación de esta suerte de micro infartos, que se deben a la acción deliberada de los seres humanos, que cortan el sistema circulatorio con precisión quirúrgica y provocan daños de todo tipo al cada vez más sensible cuerpo social, habida cuenta de la creciente superpoblación del planeta. Hay quienes producen esos cortes para protestar por causas que consideran importantes y apelan a este recurso, como una forma de llamar la atención y hacerse visibles para las autoridades.
Esos infartos obligan a que la circulación deba salir de las arterias, se encauce por vasos capilares menores, creando stress, rabia, impotencia, pérdidas enormes de tiempo, médicos que no llegan a una urgencia, madres que no llegan a tiempo a buscar a sus pequeños, aumento del tiempo de viaje a personas que con sacrificio van a su trabajo desde zonas alejadas, muertes en las colas, ambulancias que no llegan al paciente grave o con el paciente grave, mayor contaminación ambiental, consumo inútil de combustible, contribución al Efecto Invernadero de origen antropogénico, etcétera.
Efectos no deseados
Según el IPCC (Panel Intergubernamental para el cambio Climático), ya nadie puede dudar de que los automóviles son protagonistas del aumento de la temperatura terrestre por las emisiones de Anhídrido Carbónico (CO2) y de la Contaminación del Aire por la emisión especialmente de Monóxido de carbono (CO). Según el diario francés Libération solamente los embotellamientos en las ciudades de Estados Unidos, provocan el consumo de 8.700 millones de litros extra de combustible y la emisión de 20 millones de toneladas adicionales de carbono a la atmósfera. Hoy en día el transporte no sólo es el principal consumidor de energía del planeta, sino que también es el responsable de entre el 22 y el 25% de las emisiones de C02 a la atmósfera.
Pero estos son los datos de EE.UU. pero, y en el resto de las ciudades del mundo, ¿Cuánto es el consumo es más y cuánta es la emisión en más por acción deliberada de los seres humanos?, ¿No han firmado la mayoría de las naciones y ratificado el Protocolo de Kyoto, que se encuentra vigente desde febrero de 2005?, ¿quien paga el costo de los incontables micro infartos diarios por decisión de las personas, mantenidos a través de largo tiempo?.
Momento de reflexión
¿No seria el momento de pensar como hacer para evitar que la gente deba llegar al extremo de tener que cortar el tránsito para ser escuchada en sus legítimos reclamos?. Se evitarían así efectos no deseados tales como entorpecer aún más el Transporte, que se halla altamente congestionado en todo el planeta, incrementar la Contaminación del Aire en las ciudades, consumir inútilmente el combustible costoso y escaso y afectar a millones de personas. Es para pensarlo ¿no?.
(1) Martin C. de J. Simonetta – Licenciado en Relaciones Internacionales – Master en Política Económica Internacional - Director Ejecutivo de la Fundación Atlas de Argentina.
(2) Gustavo D. Lazzari – Licenciado en Economía –Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas de Argentina.
(3) Adolfo Cristian Farizano – Experto e Investigador Asociado de la Fundación Atlas de Argentina.



Publicado en:



Fundación Atlas 1853 - Buenos Aires - Argentina.



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