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Saturday, November 07, 2009

La agonía de la política

Para LA NACION
Viernes 6 de noviembre de 2009 Publicado en edición impresa
La economía mundial parece estar, una vez más, en vías de recuperación. Tras la catástrofe, el horizonte empieza a mostrarse despejado. Y todo vuelve a comenzar. ¿Qué decir de la política? La política sigue yendo a la zaga de las finanzas. Como un ciego detrás de su lazarillo. Un lazarillo dominante que le impone su propia errancia.
¿Podrá la política, en el Primer Mundo, recuperar el protagonismo perdido a manos de la especulación? Obsecuente con el delito financiero, ella terminó privada de ejemplaridad. Se acabó el tiempo de los liderazgos doctrinariamente sustanciosos. Si Obama encarnará lo que de él se espera es cosa que está por verse. Mientras, Berlusconi ilustra con perversa maestría a qué alturas puede llegar el desprecio del poder por la política. Nadie se ha burlado tanto de su propia investidura desde que Calígula hizo nombrar cónsul de Roma a su caballo.
El panorama es inquietante. El dinero, ave fénix, vuelve a florecer. Los valores requeridos por la convivencia solidaria mueren de anemia. Los ideales democráticos han perdido consistencia. El hedonismo reinante sólo presagia más decadencia y miseria espiritual. En cuanto a la miseria a secas, se ahonda. Lo ha dicho bien Jorge Elías: "La cruda realidad es que el mundo gasta 190 veces más en armas que en comida". ¿Es posible revertir esta marcha hacia el vacío? No será la pasión por los negocios sucios la que se desvele por sanear la democracia. Presumir, por lo demás, que esta tarea de tan delicada textura moral pueden llevarla a cabo los expertos en finanzas es como poner un bebé al alcance de un antropófago para que lo cuide.
Así, al menos, parecen haberlo entendido quienes, contra viento y marea, promueven un reposicionamiento de la política como práctica inspirada en valores éticamente significativos, es decir, no negociables. Entre ellos, por ejemplo, los que buscan alentar un debate serio en torno a la crisis medioambiental. O quienes estiman que debe revertirse la pavorosa concentración urbana que hace de la aglomeración y la sordidez un estilo de vida en auge.
¿Será posible todavía lo indispensable? ¿Habrá lugar para la conciliación entre la rentabilidad lógica y el cuidado que debe brindarse al planeta y, en él, a nuestros semejantes? Si sólo el afán de lucro sigue teniendo la palabra, la vida en la Tierra se extinguirá antes de lo previsto. El oportunismo y el desenfreno matan la política.
La reconquista del mediano y largo plazos es la del tiempo, que inspira confianza al brindar estabilidad a las decisiones. Y es fundamental en el restablecimiento de la fe pública en las gestiones de cualquier gobierno. La caída de la ley, de su credibilidad, produce comunidades sin rumbo. Ese es el sombrío espectáculo del presente. Jérôme Bindé, director de Prospectiva de la Unesco, subrayó "la necesidad de incorporar una nueva noción de la democracia que no sea sólo instantaneísta". Ulrich Beck sostiene que es preciso "recrear la política para que mantenga su capacidad de acción sobre la economía". No propone desoír a los especialistas, sino administrar su influencia. La política desaparece si se subordina a la voz de los expertos. Hay variables que el cálculo no contempla. Olvidarlo es fatal. Lo ha sido ya y puede volver a serlo. Recuperar la política exige metas trascendentes que no son propias de una ciencia, sino de un arte. Un arte mayor y olvidado.
Publicado originariamente por LA NACION.
Reproducido por la Red Transenerclima. Cortesía de LA NACION.
Gracias por venir. Hasta otro “Momento Transenerclima”.

Friday, January 30, 2009

Un vistazo al infinito que habitamos

FILOSOFIA – DESARROLLO ARMONICO – DESARROLLO SUSTENTABLE – MAS ALLA DE LA TIERRA
El mirador
Santiago Kovadloff
Viernes 30 de enero de 2009 Publicado en edición impresa
A merced como vive de sus conflictos, apremiado por la tensión diaria que le imponen, por un lado, la lucha por la subsistencia y, por el otro, un futuro plagado de incertidumbres, el hombre de hoy, huérfano de convicciones orientadoras, se muestra casi siempre sordo al llamado que le formula la más enigmática de sus circunstancias: la de ser un habitante del infinito.
No hay paradoja metafísica mayor que ésta, ya que evidencia que el hombre ocupa un lugar en lo que, radicalmente considerado, carece de medida y forma, aun cuando, con más presunción que conocimiento, se designe a ese imponderable con la palabra cosmos. El hombre es, ciertamente, alguien que en alguna "parte" está y, a la vez, una criatura inubicable, puesto que, en la medida en que "habita" en el infinito, no se encuentra en ningún lugar.
El hecho es que, ya sea bajo el peso que lo abruma y desorienta cuando en la noche sus ojos encuentran la inmensidad del cielo o cuando lo domina la fascinación de lo que a simple vista observa, el hombre común (y común, en este orden de cosas, somos la inmensa mayoría) poco y nada sabe de astronomía.
Acaso por eso, la UNESCO, cuyas más altas responsabilidades son la educación y la cultura, se propuso ayudar a revertir tal limitación y declaró, a 2009, "Año Mundial de la Astronomía".
La idea es alentar el arraigo y la difusión, entre profanos, de esa pasión todavía minoritaria que consiste en explorar, mediante el empleo de un telescopio, al menos algunos indicios de eso que Borges llamó "el inconcebible universo". No faltarán, además, charlas y talleres sobre el tema, que se llevarán a cabo en más de 130 países.
El propósito es llegar a unas 10 millones de personas. La cifra puede impresionar como ambiciosa pero en verdad resulta insignificante si se la coteja con el número de habitantes del planeta que deberían estar en condiciones de respaldar con su entusiasmo esta maravillosa iniciativa, que honra, ciertamente, la hazaña cumplida hace 400 años por Galileo Galilei.
No sabemos de ninguna otra especie, a excepción de la nuestra, que esté dotada para el ejercicio de la contemplación. Es cierto que el hombre, por lo menos el occidental contemporáneo, no parece muy proclive a cultivar esa aptitud, enquistado como suele andar en una relación casi exclusivamente instrumental con cuanto lo rodea.
No obstante y pese a todo, propensos como somos a la curiosidad, el asombro y a la eventual indagación de aquello que nos extraña, seguramente la UNESCO logrará su generoso propósito y serán incontables los corazones que saldrán conmovidos y beneficiados por su formidable iniciativa, que es también, hay que decirlo, la de la Unión Astronómica Internacional y las Naciones Unidas.
Quiero recordar, para ir terminando, que entre los incontables bienes que nos legó Aristóteles figura esta evocación, compuesta, al parecer, en su juventud: "Dicen que cuando le preguntaron a Anaxágoras por qué se debe preferir el nacer y el vivir al no nacer, respondió la pregunta así: Por ver los cielos y las cosas que hay en ellos, las estrellas, la luna y el sol y el orden todo del universo". En términos menos inspirados, lo que subraya el filósofo es que el hombre y sólo él, hasta donde sabemos, tiene ocasión de ensanchar, y por lo tanto de enriquecer, la percepción del misterio que él mismo encarna mediante la observación de ese otro misterio - el celestial -, que lo circunda y en el que está inmerso.
Por último, y más cerca en el tiempo de nosotros, está lo que decía Saint - John Perse. Ese poeta mayor de la lengua francesa, consideraba que la ciencia y la poesía eran "dos hermanas ciegas de nacimiento" lanzadas a explorar, cada una con su propio instrumental, dos oscuridades convergentes: la de la noche cósmica y la del alma humana.
Publicado en LA NACION.