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Friday, November 21, 2008

Crisis e Ideología

DESARROLLO ARMONICO – DESARROLLO SUSTENTABLE – ECONOMIA – IDEOLOGIAS – POLITICA INTERNACIONAL
Por Armando Ribas
El mundo está asustado por la crisis financiera de Estados Unidos: Al mismo tiempo desafortunadamente la izquierda está encantada por lo que parece el fin del capitalismo y consecuentemente el advenimiento del socialismo. Es decir que la crisis produce temor y alegría en este mundo embriagado de antiimperialismo, cuya denominación actual es el antiamericanismo por la hegemonía americana. Se pretende así ignorar que la crisis europea responde a las propias debilidades del Estado de Bienestar. (Wellfare State).
En el orden interno de Estados Unidos, la crisis ha sido aprovechada por el candidato demócrata a la presidencia el Sr. Obama para culpar a Bush y los republicanos por la crisis. A partir de esa conceptualización, en gran parte equívoca propone la lucha de clases y una mayor intervención del Estado en el mercado. En esta aparente solución reside el mayor riesgo que enfrenta la economía americana y consecuentemente el resto del mundo. Un nuevo New Deal, significaría el cierre de la economía americana supuestamente para salvar los puestos de trabajo y ya sabemos los resultados del proteccionismo que deriva precisamente del sistema socialista. .
Al tiempo de escribirse estas líneas todas las bolsas del mundo han sufrido una caída vertical, supuestamente siguiendo la tendencia de Wall Street, no obstante la aprobación del rescate financiero por la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Dicho salvataje había sido politizado en su momento y una gran parte de los republicanos votó en contra en la primera oportunidad que se presentara. La reacción de Wall Street parece hizo entrar en razones a la mayoría y dicho rescate fue finalmente aprobado.
Más allá de que es posible discutir los alcances y aun la inmediatez de los resultados del rescate, afortunadamente no se incurrió en el error de 1929. En aquel año tal como lo describe Milton Friedman en su “Free To Choose” (Libre Para Elegir) el Federal Reserve de Washington se opuso a la propuesta del de New York de actuar como prestamista de última instancia. Su consecuencia fue el cierre de unos 10.000 bancos y la caída de la economía en cerca del 50%
Es indudable que la crisis financiera de Estados Unidos tuvo su origen en la especulación excesiva con los créditos hipotecarios unido a la baja en la tasa de interés que produjo la sobre valorización de los bienes raíces. O sea la denominada burbuja cuya explosión ha habría aparecido como la causa inmediata de lo que se considera luna pérdida cuantiosa de riquezas. Es mi criterio que cuando el precio de un bien está reconocidamente sobrevaluado, su caída no significa una pérdida de riqueza para la sociedad, por más que así lo sufra el propietario, pues el bien no desaparece. Particularmente en el caso de los bienes raíces que es un caso diferente del precio de las acciones. Por ello pienso que el efecto más peligroso de la crisis actual puede ser y aparentemente está siendo ideológico.
Es probable que el impacto de la crisis financiera pueda determinar una recesión en Estados Unidos y aun en los otros países del mundo. Pero ello no se debe a la caída de las bolsas. Históricamente los precios de las acciones no reflejan la evolución de la economía real, sino la percepción especulativa del público al respecto. En muchos casos se olvida y no se tiene en cuenta la expectativa de las posibles ganancias de las empresas, que no caen abruptamente como consecuencia de la caída del precio de las acciones. Esa caída puede significar un incremento en la rentabilidad, por más que sean grandes las pérdidas de capital de los tenedores originales.
Debemos recordar que entre el año 2000 y el 2002 el SP cayó un 35% y el NASDAQ un 60%. El precio de las acciones en ese período según la información del FMI cayó un 15%. No obstante los avatares de la bolsa en esos dos años el PBI de Estados Unidos creció un 2,4%.. Por tanto aun en el caso que se produjera una recesión no obstante el salvataje, esta no puede significar un proceso similar al ocurrido durante la crisis del treinta, New Deal mediante.
Ante el tsunami financiero la izquierda está de plácemes. Supone que el capitalismo ha muerto, y por supuesto el salvataje se percibe como el triunfo definitivo del socialismo. Es decir del Estado sobre el mercado, o sea la generosidad por sobre el interés y el egoísmo. La realidad a nuestro juicio sería muy diferente. Sería el triunfo del poder por sobre el derecho, la opresión sobre la libertad. Se olvida asimismo que ya en los países mas importantes de la Unión Europea, tales como Francia y Alemania el deterioro económico y los problemas bancarios se produjeron en el sistema que se propone como solución en que el gasto público supera el 50% del PBI.
Podemos ver que la crisis financiera trasciende la economía y afecta directamente a la ideología, y ese es el mayor peligro que enfrenta hoy la humanidad.
Publicado por la
Fundación Atlas 1853.
TransEnerCliMa reproduce este artículo con autorización previa de la Fundación Atlas 1853.

Thursday, October 09, 2008

Entre Smith y Keynes

Por Mariano Grondona*
Buenos Aires, miércoles 8 de octubre de 2008
"Pese a su natural egoísmo y rapacidad, el rico divide involuntariamente con el pobre el producto de todos sus artificios. Está manejado por una mano invisible para hacer casi la misma distribución de las necesidades de la vida que hubiera hecho una persona equitativa". Así enunció el escocés Adam Smith, en su Teoría de los sentimientos morales, el famoso principio según el cual, si se deja obrar a los hombres según su natural egoísmo, lo que resulta es el bien de la sociedad. Como era deísta, Smith creía en una Providencia que nos armoniza por encima de nosotros mismos. Esta creencia fue, a partir de Smith, el fundamento de la fe liberal en el dinamismo del mercado.
Al amparo de esta fe en la mano invisible del mercado, Europa, los Estados Unidos y la propia Argentina crecieron extraordinariamente hasta que la crisis mundial de los años treinta los paró en seco. Esta vez le correspondió a un inglés, John Maynard Keynes, advertir que en determinadas situaciones, aun cuando los individuos actúen de una manera racional, pueden producir entre todos, involuntariamente, una catástrofe. Es decir que la "mano invisible" de Smith, en lugar de ser beneficiosa, puede resultar en ocasiones extremadamente perjudicial.
Demos un ejemplo. En medio de una gran crisis como la que hoy angustia al mundo, ¿qué otra conducta podría ser más racional desde el punto de vista individual que bajar el gasto y aumentar el ahorro? Ahora veo que una serie de economistas bien intencionados nos están aconsejando precisamente esto a través de los medios. ¿Pero qué pasaría si todos siguieran su consejo? Que, como lo verificó Keynes en los años treinta, darían inicio a una monumental recesión en cuyas aguas se ahogarían hasta sus propios consejeros.
La historia muestra, pues, que no hay una sino dos manos invisibles. En tiempos que consideraríamos normales, cuenta la mano invisible que describió Smith. Pero en tiempos de crisis cuenta la otra mano, la mano de Keynes. Por eso en estos días predomina en vez del mercado el Estado, que está gastando ingentes recursos para prevenir la recesión. Keynes suponía que, pasada la crisis, el Estado cedería otra vez su lugar al mercado. Quizá no previó que, una vez que se enciende su gusto por el poder, el Estado no se retira fácilmente de la escena y da lugar, en vez de la recesión, a la inflación. Es que tanto el mercado como el Estado son, después de todo, humanos y, como tales, imperfectos, siendo nuestro destino oscilar del liberalismo al estatismo y viceversa, según pasan los años.
* Mariano Grondona. Periodista desde hace más de cuarenta años, es conductor del programa televisivo Hora Clave desde 1989 y columnistas de temas políticos en el diario LA NACION.
Es abogado y realizó estudios de sociología en la Universidad de Madrid y de Ciencia Política en el Instituto de Estudios Políticos de la misma ciudad española.
Profesor adjunto de Derecho Político en la UBA hasta 1987 y titular de Teoría del Estado entre ese año y 1999, fue académico y profesor visitante e investigador asociado en la Universidad de Harvard, y enseña actualmente en la Universidad Cema.
Además, es autor de varios libros, entre ellos Los pensadores de la Libertad, Bajo el imperio de las ideas morales, La Corrupción, La Argentina como vocación, y Las condiciones culturales del desarrollo económico.
Publicado por LA NACION.
Nota: al igual que los artículos de Martín Krause y Andrés Oppenheimer, este también pareciera estar fuera de la temática de TransEnerCliMa pero no es así. Reitero que este Centro de Investigación Independiente busca arribar a un diagnóstico propio en lo relativo al impacto ambiental del sistema de vida de la humanidad y a la generación de políticas, estrategias y tácticas que mejor se adapten a la solución del problema según el diagnóstico obtenido. Busca poner su granito de arena para contribuir a solucionar o minimizar los efectos no deseados de la acción humana sobre la naturaleza, para que su avance en pos de un desarrollo necesario, también sea sustentable y lo menos dañino posible para la salud del Planeta. Para poner en marcha las monumentales obras de todo tipo en el mundo encaminadas a lograr este objetivo, se necesita una fabulosa masa de dinero a nivel global. Pero si el sistema financiero internacional es endeble y colapsa a cada rato, toda política y estrategia se derrumba o se torna inviable. Por ello, me pareció pertinente publicar en este sitio esta explicación tan clara del colapso que estamos presenciando, que ya se produjo en el pasado, con la esperanza de que no se repita en el futuro.
La Economía no es el fuerte d
e TransEnerCliMa pero, en síntesis, los extremos estarían entonces según el análisis de Mariano Grondona, en Smith y Keynes. La función del Estadista consistiría pues, en ser poseedor del difícil arte de saber colocarse en forma acertada y tiempo oportuno, más cerca de uno u otro de los extremos mencionados para capear el temporal en tiempos de “crisis” como dijo Mariano Grondona, o de “vacas flacas”, como apuntó Andrés Oppenheimer. Se transcriben estos artículos en este sitio, porque creo que todo esto habría que explicárselo a todos, en especial a los chicos, como señaló Martín Krause.

Tuesday, October 07, 2008

Varios años de vacas flacas por delante

Por Andrés Oppenheimer *
MIAMI.-
No se engañen con el suspiro de alivio universal del viernes pasado cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó un paquete de rescate de 700.000 millones de dólares para salvar al sistema bancario del país. La medida contribuirá a evitar un colapso financiero, pero la economía estadounidense seguirá en baja y América latina recibirá un golpe más grande que el que muchos suponen.
Es cierto, la crisis de Wall Street que viene sacudiendo a los mercados mundiales desde hace semanas no representará "la debacle del capitalismo", tal como el presidente venezolano, Hugo Chávez, proclamó triunfalmente, ni significa que el primer mundo "se derrumba como una burbuja", como dijo la presidenta argentina, Cristina Kirchner.
Eso no ocurrirá. Lo más probable es que signifique un movimiento pendular, desde una economía de libre mercado excesivamente desregulada durante el gobierno de George W. Bush hacia una economía más regulada, como ha ocurrido muchas veces en Estados Unidos después de ciclos de gastos excesivos e impuestos insuficientes.
Pero a juzgar por lo que escuché de boca de varios presidentes latinoamericanos, ministros y economistas durante la Conferencia de las Américas del Miami Herald horas después de la aprobación del rescate financiero, la crisis crediticia de Estados Unidos nos afectará a todos durante el resto de este año y en el curso de 2009, si no durante más tiempo. Se vienen años de vacas flacas.
"El golpe ha sido tan grande que a los consumidores estadounidenses les llevará cierto tiempo empezar a comprar otra vez, o pedir créditos", me dijo Mustafa Mohatarem, jefe de economistas de General Motors. "El gasto de consumo se reducirá durante por lo menos dos años."
Eso significará una desaceleración del crecimiento económico estadounidense, que es el motor de la economía mundial y la principal fuente de comercio, turismo e inversión de muchos países latinoamericanos. Antes de esta crisis los economistas pronosticaban un crecimiento anual de tres por ciento en Estados Unidos para los próximos años; ahora se calcula que la economía crecerá uno por ciento el año próximo o que no crecerá en absoluto.
Como resultado, los países latinoamericanos verán caer sus exportaciones al mercado más grande del mundo y recibirán menos turistas estadounidenses y menos remesas de Estados Unidos. Esto perjudicará especialmente a México y a América Central, cuyas economías están estrechamente vinculadas al mercado estadounidense.
Pero también América del Sur se verá afectada por una reducción de los precios de las materias primas, porque el menor crecimiento de la economía mundial resultará en una menor demanda de petróleo, soja y otras materias primas que han sido la base del crecimiento de Venezuela, la Argentina y otros países.
En el plano financiero, América latina tendrá mayores dificultades para acceder a préstamos externos para pagar sus proyectos de infraestructura o cumplir con los pagos de la deuda externa. Además, la crisis financiera se produce en un momento en el que muchos países ya están haciendo frente a mayores gastos por sus importaciones de petróleo y de alimentos.
"Hay cuatro crisis simultáneas que están afectando a nuestros países", dijo el presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández. "La crisis financiera, la crisis energética, la crisis de alimentos y la crisis climática. Esto va a tener una incidencia directa en lo inmediato."
Augusto de la Torre, director del departamento latinoamericano del Banco Mundial, me dijo que la economía regional probablemente crecerá entre un 2,5% y un 3,5% en 2009. Antes de la crisis, el BM y la mayoría de las instituciones internacionales proyectaban un crecimiento de más de 4,5% el año próximo para la región.
Mi opinión: el rescate financiero es una buena noticia, pero no será suficiente. No reactivará el crecimiento mundial si Washington no empieza a reducir su deuda de más de 11 billones de dólares y la gente vuelve a confiar en la economía. El próximo presidente estadounidense debería imponer un paquete de austeridad no muy diferente de los que se prescribían a los países latinoamericanos durante los 80 y los 90.
En cuanto a qué países latinoamericanos resultarán más perjudicados, paradójicamente la lista probablemente incluya a varios de los que han celebrado la crisis financiera de Estados Unidos como un presunto "colapso" del capitalismo y que ya tienen poco acceso al crédito internacional. La caída del precio de las materias primas reducirá los ingresos y puede aumentar las tensiones políticas en Venezuela, la Argentina, Ecuador y otros países exportadores de materias primas que han gastado más de lo que deberían. Sus políticas populistas estaban cimentadas en los estratosféricos precios de las materias primas y es posible que ahora estén entre las principales víctimas de la desaceleración de la economía global.
* Andrés Oppenheimer, ganador del premio Pullitzer y el premio Rey de España, el programa periodístico esta llegando a 17 países incluyendo México, Argentina, Perú, Ecuador, Venezuela y varias ciudades de EEUU llegando a mas de 57 millones de hogares.
Publicado en LA NACION de Argentina.
Nota: este artículo pareciera estar fuera de la temática de TransEnerCliMa pero no es así. Este Centro de Investigación Independiente busca arribar a un diagnóstico propio en lo relativo al impacto ambiental del sistema de vida de la humanidad y a la generación de políticas, estrategias y tácticas que mejor se adapten a la solución del problema según el diagnóstico obtenido. Busca poner su granito de arena para contribuir a solucionar o minimizar los efectos no deseados de la acción humana sobre la naturaleza, para que su avance en pos de un desarrollo necesario, también sea sustentable y lo menos dañino posible para la salud del Planeta. Para poner en marcha las monumentales obras de todo tipo en el mundo encaminadas a lograr este objetivo, se necesita una fabulosa masa de dinero a nivel global. Pero si el sistema financiero internacional es endeble y colapsa a cada rato, toda política y estrategia se derrumba o se torna inviable. Por ello, me pareció pertinente publicar en este sitio esta explicación tan clara del colapso que estamos presenciando, que ya se produjo en el pasado, con la esperanza de que no se repita en el futuro.

Cómo explicar la crisis a los chicos

Por Martín Krause *
“Papá, ¿se acaba el capitalismo? ¿Qué son los salvatajes? ¿Esta crisis es como la del 29?” Martín Krause es doctor en Administración y un día, en el colegio de su hijo, explicó cómo era una jornada laboral en la vida de un economista. Los chicos dedujeron que su profesión consistía en leer los diarios y tomar café y ahí fue cuando decidió escribir el libro "La economía explicada a mis hijos". Como si fuéramos niños de escuela, entonces, ahora responde una serie de preguntas básicas acerca de la debacle financiera de la que todos hablan y muy pocos comprenden. Respuestas claras para entender el colapso bancario norteamericano que sacude al mundo.
–¿Cómo empezó la crisis?
–Podríamos explicarlo así: hay un chico de quince años que es más popular en el colegio si les presta a sus amigos los juegos de la Playstation. Entonces cuantos más jueguitos preste, mejor queda. Así que primero les presta a los amigos que son confiables. Pero en la medida que sigue extendiendo la cantidad de juegos prestados, termina prestándoles a otros que no lo son tanto. Y además, no sólo presta jueguitos propios sino del hermano y de otros amigos. Entonces viene el hermano y dice: “Che, devolveme los jueguitos”. Pero él no los tiene y sabe que no se los van a devolver. Así que está en problemas, como le pasó a Lehman Brothers, por ejemplo, y los demás bancos que cayeron.
–¿Y quiénes son estos amigos poco confiables?
–Son las llamadas “hipotecas subprime”. Mientras está bajísima la tasa de interés, los bancos se preguntan ¿y ahora a quiénes les prestamos, si ya les prestamos a todos? Entonces les empiezan a prestar a las clases medias o bajas. Pero cuando la tasa de interés sube, y por lo tanto los pagos que hay que hacer de esas hipotecas se vuelven más caros, esta gente ya no puede pagar.
–¿Y qué pasa cuando la gente deja de pagar?
–Se complica porque esas hipotecas, y otras, fueron metidas adentro de un gran paquete y vendidas en forma de bonos. Es decir: un banco presta plata y mientras la presta se dice: “Yo tengo todos estos créditos que en realidad son dinero que voy a cobrar en el futuro, por qué mejor no me lo saco de encima, se lo vendo a alguien que quiera tener este paquete y no necesite cobrar la plata ya y yo me hago de efectivo para seguir prestando más plata”. ¿Cómo lo hago? Meto muchas hipotecas adentro de un paquete y se lo vendo a otras instituciones. El problema es que después se hace difícil saber cuál de esos bonos tiene las hipotecas que no van a ser pagadas. Entonces se empieza a armar una gran desconfianza.
–¿La desconfianza genera la crisis?
–Sucede que uno se empieza a preguntar: ¿En qué paquete están las hipotecas subprime? Como no sé, empiezo a desconfiar de todos los paquetitos, entonces empiezan a venirse abajo los bonos y explota la crisis. A un adolescente grandecito podríamos explicarle que la crisis es la resaca del sábado a la noche: lo que estás sintiendo hoy es lo que te chupaste anoche en el boliche. Tomaste de más y entonces tenés este efecto.
–¿Y el chico es el que tiene la culpa por haber tomado de más? Es decir, ¿el banco que prestó de más es culpable?
–No necesariamente, porque el chico no sólo presta jueguitos que no son de él, sino que además el padre le está copiando los jueguitos en la computadora y lo alienta a que siga prestando. “¿Ah, trajiste un jueguito original?”, pregunta el padre. “Vení que yo te hago cinco copias así sos el mejor compañero”.
–¿Y el padre quién vendría a ser?
–El gobierno de los Estados Unidos y la Reserva Federal: lo que se está viendo ahora es el efecto de una política monetaria expansiva que tuvo lugar hace cuatro o cinco años. Esto quiere decir que durante este tiempo era muy barato para las personas pedir un crédito, ¿por qué? Porque la Reserva Federal bajaba la tasa de interés y había muchos billetes dando vuelta. Ahí es cuando lo bancos se preguntan qué hacemos con toda esta plata y empiezan a prestarla a lo loco.
–¿En la crisis del 29 pasó lo mismo?
–La crisis es la misma y es algo que en la Economía nosotros llamamos el ciclo económico: la Reserva Federal baja la tasa de interés para salir de la recesión anterior. Ahí la economía se recupera y se empieza a prestar plata otra vez –es decir, el chico vuelve a prestarles los jueguitos a todos– y así se arma la base de la próxima crisis porque empieza a haber inflación, empieza a haber presiones, la Reserva Federal se asusta y dice muchachos, tenemos que subir la tasa. Cuando sube la tasa, crac, los que deben plata no pueden pagar. Es como una montaña rusa que sube y baja.
–¿Podría tener las mismas consecuencias?
–La crisis del 29 pasó después de una década de fiesta y jolgorio en la que se emitían dólares de manera descontrolada porque se había empezado a abandonar el patrón oro. Antes sólo se podían hacer billetes que tuvieran su mismo valor guardado en oro en una bóveda. Eso se dejó a un lado después de la Primera Guerra Mundial porque los gobiernos querían tener flexibilidad para emitir dinero. Entonces cuando sucedió el crac se contrajo la moneda rápidamente, se hizo un aterrizaje forzoso y se estrelló la economía. Esta vez no va a suceder eso: los bancos dicen: “Bueno, se me fue la mano, pero no voy a contraer, voy a tirar más dinero”. Y ahí aparecen los salvatajes.
–¿Qué es un salvataje?
–Los gobiernos pueden salvar de dos formas. Una es: en vez de gastar en armas, en educación o en salud, ahora les da plata a estas empresas y bancos para que no quiebren. Pero están los que dicen: el problema es la gente que no puede pagar la cuota de su hipoteca. Entonces la otra propuesta es que el gobierno se quede con esas hipotecas y vea después cómo hace para cobrarles. Para eso serían los 700 mil millones que se discuten en el Congreso.
–¿Por qué los bancos no pueden quebrar como cualquier otro negocio sin causar tanto lío?
–Porque están montados en un sistema que tiene dos tipos de riesgos: el almacenero sólo tiene un riesgo comercial, que es dejar quebrar porque vende poco. Pero si cierra, no se van a venir abajo todos los almacenes. En cambio el sistema bancario sí arrastra todo porque la plata que figura en las cuentas corrientes o en los plazos fijos no coincide con la que realmente tienen los bancos, porque los bancos la prestan y todos forman parte de mismo sistema. En términos más estrictos: se está invirtiendo mucho más de lo que se ahorra.
–¿Y por qué la crisis se globaliza?
–Tiene que ver con esos paquetes en los que se meten las hipotecas y que se venden como bonos. Por ejemplo el Northern Rock, de Inglaterra, cayó porque tenía bonos de hipotecas norteamericanas.
–¿Cómo afecta a la Argentina?
–Dentro de todo la Argentina lamentablemente ha estado muy aislada del mundo, y por eso ahora tal vez eso nos ahorra un poco de problemas. Nos podría pegar si la crisis esta desata una recesión global y eso hace caer los precios de los commodities, que son esos productos que tienen un precio internacional y que se manejan en grandes volúmenes y sin marcas, como la soja, el petróleo y los cereales.
–¿Podría bajar la demanda de soja?
–Sucede lo siguiente: China hace unos 20 años decidió olvidarse del socialismo y se volvió más capitalista que Estados Unidos y empezó a crecer y crecer. Entonces los chinos ahora comen más. Y con que cada uno de los mil millones coma un kilito más de soja, por ejemplo, la demanda se vuelve fenomenal. Lo mismo pasa con India. Pero esos países crecen mucho porque exportan a los Estados Unidos y a Europa, y si Estados Unidos y Europa caen en una recesión por la crisis y empiezan a comprarles menos, China e India van a producir menos y, por lo tanto, van a tener menos plata para comprarnos soja. Ahí los precios de los commodities bajarían y nos veríamos afectados.
–¿Es el fin del capitalismo como dicen algunos?
–Imposible, porque desde que cayó el muro de Berlín no hay sistema alternativo. Por ahora es una crisis que se mantiene dentro de las políticas monetarias y del sistema bancario, y no es algo que haya llegado a la economía productiva: las fábricas siguen produciendo y eso es lo central de la economía. Pero hay un gran problema de este sistema monetario internacional que hay que conversar y resolver: el hecho de que todo el mundo esté sujeto al ir y venir de la moneda norteamericana, del dólar.
* Martín Krause es doctor en Administración. Dicta clases en la UBA, en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas y en la Universidad Francisco Marroquín, de Guatemala. Realizó trabajos de consultoría para el BID y la OEA.
Publicado por la Fundación Atlas 1853. TransEnerCliMa reproduce este artículo con autorización previa de la Fundación Atlas 1853.
Nota: este artículo pareciera estar fuera de la temática de TransEnerCliMa pero no es así. Este Centro de Investigación Independiente busca arribar a un diagnóstico propio en lo relativo al impacto ambiental del sistema de vida de la humanidad y a la generación de políticas, estrategias y tácticas que mejor se adapten a la solución del problema según el diagnóstico obtenido. Busca poner su granito de arena para contribuir a solucionar o minimizar los efectos no deseados de la acción humana sobre la naturaleza, para que su avance en pos de un desarrollo necesario, también sea sustentable y lo menos dañino posible para la salud del Planeta. Para poner en marcha las monumentales obras de todo tipo en el mundo encaminadas a lograr este objetivo, se necesita una fabulosa masa de dinero a nivel global. Pero si el sistema financiero internacional es endeble y colapsa a cada rato, toda política y estrategia se derrumba o se torna inviable. Por ello, me pareció pertinente publicar en este sitio esta explicación tan clara del colapso que estamos presenciando, que ya se produjo en el pasado, con la esperanza de que no se repita en el futuro.